Después de las PASO. Las tareas de la izquierda popular

(*) Por Martin Ogando


 

1- El triunfo de Cambiemos y su magnitud.

Las PASO del 13 de agosto arrojaron un triunfo político de Cambiemos. Los números en sí no son impactantes ni mucho menos (cerca del 36% a nivel nacional), y dos distritos claves como la Provincia de Buenos Aires y Santa Fe le han sido por ahora esquivos. Sin embargo, en un contexto económico donde las buenas noticias no abundan para las mayorías populares, el oficialismo logró imponerse en 10 distritos, consolidando su primacía absoluta en CABA, desplazando al peronismo en Córdoba y constituyendo la única fuerza electoral nacional con un comando político centralizado.

El saldo positivo para el gobierno surge, sobre todo, de contrastar resultados con expectativas previas. La caída del poder adquisitivo del salario y la destrucción de empleos, así como la persistente presencia callejera de movimientos sociales, sectores sindicales y políticos de oposición hacían prever algún castigo en las urnas. Sobre esa hipótesis trabajó CFK buscando atraer a los “perdedores del modelo”, pero incluso variantes moderadas como la de Massa endurecieron su discurso apostando al mismo fenómeno. En los propios círculos empresariales no fueron pocos los que temieron una derrota abultada del macrismo en la PBA (ver Inversores y empresas firman con las dos manos el empate para el domingo, Guillermo Kohan, El Cronista, 10/08/2017).

En este marco, el exiguo saldo a favor de Cristina (0,21%) es festejado como un triunfo por Cambiemos. Confían en que el “derrame” de la reactivación económica será más notorio para octubre y en su capacidad de captar nuevas voluntades polarizando con la ex presidenta, a la que juzgan rozando su techo electoral. Pueden festejar, además, que un candidato desconocido y que bordeó el papelón en más de una ocasión, le peleó de igual a igual la provincia a la figura política más relevante de la oposición.

Cambiemos, en suma, puede consolidar en octubre un módico pero importante triunfo electoral. No porque destaque en comparación histórica, donde el único gobierno que en similares condiciones perdió una elección de este tipo fue el de la Alianza en 2001, sino porque despeja prejuicios y resquemores sobre la perdurabilidad y estabilidad de un experimento político novedoso, y por lo mismo, plagado de incertezas.

Los efectos políticos y sociales de este triunfo electoral están por verse y no deberían ser exagerados de manera impresionista. Todavía atravesamos un momento de transición, sin que se pueda hablar de derrotas decisivas del pueblo trabajador ni de la consolidación de hegemonía alguna, que por otro lado siempre demanda de sucesos extra-electorales. Sin embargo, el PRO sale fortalecido, y debemos trabajar con la hipótesis de que llegará con chances serias a las presidenciales de 2019. De allí a que cuente con un “cheque en blanco” para avanzar con un ajuste brutal o una reforma laboral a la brasileña hay un largo trecho, y si el gobierno pifia el diagnóstico puede meterse en problemas (Ver Equipo que gana no se toca, Marcelo Zlotogwiazda, Ámbito, 18/08/2017). La oposición está dividida y enfrenta crisis diversas, pero cuenta con un importante y sólido caudal electoral. El sindicalismo tradicional rehuye el conflicto, pero si el gobierno fuera “por todo” mantiene estructura y capacidad de movilización capaz de infligir daños. Los movimientos sociales, que han mostrado una disposición bastante más combativa, suponen una amenaza para cualquier ajuste fiscal decidido. Un ejemplo de esto es la escasa duración que tuvo la pretensión gubernamental de desfinanciar la Ley de Emergencia Social. Bastó que la CTEP, CCC y Barrios de Pie anuncien protestas frente a grandes supermercados para que la ocurrencia quede en el olvido, al menos por ahora. El repudio a la desaparición de Santiago Maldonado por parte de Gendarmería, el masivo y extendido reclamo por su aparición y la derrota de la estrategia oficial que pretendía deslindar a las fuerzas represivas del hecho, muestran la vitalidad de un amplio movimiento democrático en nuestra sociedad, que se expresó también contra el vergonzoso 2×1 de la Corte.

2- CFK y la oposición.

El 23 de agosto la oposición apareció disgregada nacionalmente en tres grandes espacios (peronismo kirchnerista, peronismo no kirchnerista y Frente Renovador). Sus saldos son desiguales.

Cristina Kirchner enfrenta una situación paradójica. Se confirma como la principal figura política opositora, pero con la capacidad expansiva de su liderazgo encontrando claros límites. Un 34,27% de los votos en la PBA y un arrastre nacional que la pone como primera referencia de oposición no es poca cosa, máxime cuando al interior del peronismo nadie parece en condiciones de disputarle el liderazgo. Sin embargo, su propio resultado deja sabor a poco, no tanto por lo números absolutos, sino por el rival que enfrentó y el dilema al que queda expuesta: primera en las PASO, su situación puede volverse precaria al interior del peronismo si pierde las generales de octubre. Su banca en el Senado y un alto piso electoral serán el bagaje con que, en todo caso, dará pelea de cara a las candidaturas de 2019.

Los sectores del peronismo que buscaron separarse de CFK obtuvieron, en general, modestos resultados. Si bien algunos como Urtubey “salvaron la ropa”, destaca entre ellos la derrota de Schiaretti en Córdoba y están muy lejos de contar con una figura nacional de peso para “renovar” el peronismo. El experimento de Randazzo en la PBA no logró levantar vuelo y afronta el desafío de frenar el drenaje de voluntades de aquí a octubre. Igual de decepcionante resultó, en otro espectro del mapa político,la performance de Martín Lousteau en la Ciudad de Buenos Aires.

Massa es en principio uno de los derrotados, pero mantienen ciertas expectativas hacia el 2019. La ancha avenida del medio se mostró más angosta de lo esperado. En el marco de cierta polarización sus 15 puntos no son poca cosa, pero deberá demostrar capacidad de defenderlos en el escenario decisivo de octubre. Si lo logra, deberá esperar una derrota de CFK para postularse, frente a la indigencia de liderazgos del peronismo anti-kirchnerista y el guiño de algunos gobernadores, como opción presidencial en el 2019.
3- El campo popular

Los organizaciones populares llegamos con fuerzas limitadas a la contienda electoral. En cierta medida, se puede hablar de crisis, -de diversas magnitudes-, de todos los proyectos populares frente al nuevo escenario político.

Una parte del campo popular se mantiene en los marcos de referencia del kirchnerismo. Su inserción en diversos espacios de la lucha social convive con una dependencia cada vez mayor del predicamento electoral de Cristina. Más allá de esto, desde nuestro punto de vista su principal limitación radica en la inexistencia de una orientación que priorice vincularse con expresiones más crítica o radicales, y confrontar con los sectores del peronismo que decididamente no forman parte del campo popular, aunque eventualmente se cobijen bajo el paraguas de Cristina.

La izquierda partidaria tradicional tiene su encarnación principal en el FIT. Las PASO mostraron que se trata de un espacio relativamente consolidado, con un crecimiento de alrededor del 30% respecto del 2015 y pisos de entre el 3 y el 4% en distritos muy importantes. En lugares donde no existen otras expresiones de izquierda o centroizquierda potentes el FIT alcanza picos más altos pero también más inestables (Mendoza, Salta, Jujuy, Santa Cruz). Sin embargo parece haber alcanzado un techo, al menos en este formato, y se encuentra por debajo de los votos, pero sobre todo de las expectativas despertadas en 2013. Su estrategia exclusivista y sectaria, y su incapacidad de articular con otros espacios de la izquierda y el campo popular le pone claros límites a la capacidad hegemónica de esta experiencia.

La izquierda popular tampoco llegó en condiciones de desarrollar experiencias electorales muy potentes, enmarcada además, en una crisis evidente de proyecto. En el caso de Patria Grande logramos intervenir electoralmente en menos distritos de los que nos habíamos propuesto. Nuestros resultados estuvieron por debajo de lo esperado en la mayoría de los casos, incluyendo la experiencia dentro de Unidad Porteña, donde terminamos terceros detrás de Daniel Filmus y Guillermo Moreno1. Sin embargo, los pisos alcanzados no deben ser menospreciados, teniendo en cuenta que han sido obtenidos en distritos difíciles o grandes ciudades, con recursos escasos y un recorrido militante todavía muy joven. El resto de la izquierda popular e independiente tuvo performances en general muy pobres. La excepción es Rosario, la tercera ciudad en importancia del país, donde tanto Ciudad Futura como el Frente Social y Popular tienen chances de ingresar al Concejo.

4- Nuestras tareas

Hay dos reflexiones urgentes para la militancia popular luego de las PASO.

En primer lugar, el resultado electoral más algunos indicios de “rebote” económico, alejan las posibilidades de una crisis severa del gobierno en lo inmediato. No afrontamos una derrota popular decisiva, pero en el marco de una situación de transición, el gobierno ha dado pasos hacia su estabilización. La posibilidad de tal derrota popular se jugará en las confrontaciones políticas y sociales de los próximos años.

En este marco, es imprescindible hacer todos los esfuerzos posibles para masificar y fortalecer la resistencia frente a la ofensiva del capital, al tiempo que reafirmar el sentido estratégico, de mediano y largo plazo, de un proyecto político emancipador. El conjunto de la militancia popular debe prepararse para desarrollar la lucha política y social contra la ofensiva neoliberal en todos los terrenos, incluyendo la defensa de las libertades democráticas frente a evidentes avances represivos de la actual gestión. No son momento de derrota, pero sí de adversidad. En este contexto, los militantes populares debemos prepararnos para “lo peor” mientras luchamos por “lo mejor”. Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad. Cualquier otra actitud es irresponsable o un mero tráfico de espejos de colores. Si no somos capaces de nadar contra la corriente hoy, difícilmente seamos capaces de hacer aportes decisivos para un nuevo ciclo de ascensos populares.

En segundo lugar el resultado de las PASO arroja otra conclusión: para derrotar a Cambiemos con Cristina no alcanza. Frente a esta constatación hay una respuesta más o menos inmediata, pragmática, y que muchos ya plantean como política hacia el 2019: Es necesario unir al peronismo, e incluso al conjunto de la oposición para ganarle a Cambiemos. No es la perspectiva de aquellxs que militamos por un cambio social profundo. Poco puede esperar nuestro pueblo de una oposición surgida de esa combinación, donde, en el mejor de los casos, alrededor de la figura de CFK y compañerxs militantes que forman parte del campo popular se agruparán estructuras, espacios políticos y factores de poder conservadores, que obturan todo posibilidad de transformación real. La vuelta al gobierno de un bloque político de esas características, pero sin la latencia cercana de la rebelión popular del 2001, ni las excepcionales condiciones económicas posteriores difícilmente prepare nuevas victorias populares. El anti-macrismo o la mera unidad contra Cambiemos debe mirarse en el espejo del anti-menemismo de la Alianza (en el cual estuvieron comprometidas muchas construcciones populares valiosas), e incluso en la campaña electoral “populista” de Menem frente a la debacle del Alfonsín.

Pero, si con Cristina no alcanza, es posible otra respuesta, esta vez formulada desde un amplio arco de organizaciones y militantes populares, que no nos conformamos con elegir entre “males menores”. Aquí no hay certezas ni verdades clarividentes, sino apuesta estratégica. La construcción de una alternativa popular al macrismo implica, también, superar la experiencia política, el programa, el horizonte y las propias referencias del kirchnerismo. Superar es recuperar, reivindicar y defender parte del legado de estos 12 años, pero también confrontar, polemizar, y romper fronteras de lo posible, sin lo cual es inviable romper las condiciones de sometimiento que nos impone el capitalismo dependiente en la Argentina. En este camino, es imposible desconocer que las propias limitaciones de la experiencia kirchnerista abonaron en parte el “ascenso de la derecha”. La cocina de esta alternativa es la resistencia consecuente de nuestro pueblo, y el aporte militante de diversas tradiciones populares, que incluye sectores del peronismo/kirchnerismo y la izquierda, pero que debe desbordar estas identidades preexistentes.

Claro que el surgimiento de esta alternativa popular demanda probablemente otros tiempos, esfuerzos y complejidades, respecto del sencillo acto de reunir a la oposición existente. Demanda, sobre todo, la entrada en la política de otros sujetos, la maduración de nuevas experiencias y un persistente esfuerzo militante. No son alternativas que se gesten de la mera confluencia de algunas estructuras y dirigentes, sino en oleadas de lucha, en la crisis de los de arriba y en la organización de los sujetos populares, como bien ha señalado Álvaro García Linera.

¿Cuáles son nuestras tareas, si apostamos a esta segunda hipótesis? Hay al respecto un debate sobre el rol que el kirchnerismo y Cristina en particular jugarán en los próximos años. Que el kirchnerismo se supere a sí mismo (en el sentido antes enunciado, es decir por izquierda), que Cristina lidere esa superación, y que a su alrededor confluyan otras experiencias políticas y sociales muy valiosas no es teóricamente imposible, pero hasta ahora no hay elementos de la realidad que abonen esa perspectiva, y es cuanto menos ingenuo apostar todo a dicha hipótesis. Todo hace suponer que será necesaria la emergencia de otros fenómenos sociales y políticos que, entrando en diálogo y conflicto con el kirchnerismo/peronismo, coadyuven en un nuevo y superador ciclos de conquistas populares.

Partiendo de estas premisas pensamos que las tarea fundamentales son:

Organizar y fomentar la lucha popular en todos los terrenos, buscando fortalecer la resistencia al programa de ajuste neoliberal y defender los derechos conquistados mediante la más amplia unidad. Esto incluye la lucha en defensa de los derechos democráticos y contra renovados intentos represivos (Santiago Maldonado, allanamientos en Córdoba, ataque a referente de la CCC, acción de infiltrados y servicios de inteligencia). Los trabajadores y trabajadoras, tanto los agrupados en los sindicatos tradicionales como los organizados en la CTEP; el movimiento feminista; la juventud estudiantil y de los barrios populares, son algunos de los principales baluartes para la resistencia contra este gobierno.

Fortalecer y consolidar una izquierda popular, como identidad, programa, y perspectiva estratégica diferenciada, tanto del kirchnerismo y otras variantes del progresismo, como de la izquierda tradicional de matriz sectaria y dogmática. Patria Grande tiene un rol importante que jugar en este sentido, buscando agrupar a sectores del movimiento popular en crisis o proceso de reagrupamiento. Es en este marco que nuestro espacio tiene el desafío de superar su propia crisis y seguir aportando a la emergencia de una nueva izquierda popular, latinoamericana, feminista y democrática. Una política de unidad popular para enfrentar la ofensiva empresarial debe ir de la mano de fortalecer una tendencia estratégica de izquierda popular cada vez más sólida en todos los campos, que dispute orientación dentro de la unidad, para que una derrota de Cambiemos no nos lleve a Massa, a una nueva Alianza o, en el mejor de los casos, a simplemente repetir el recorrido del kirchnerismo.

Construir nuevas herramientas de participación político- electoral novedosas y delimitadas de la política tradicional, para ensayar nuevas formas de construcción, unidad, disputa de hegemonía y poder, desde lo local, que es desde donde mejores relaciones de fuerza tenemos para empezar a caminar en este plano. En este plano, muchos elementos puestos en práctica en distintas plataformas o intervenciones electorales son un gran aprendizaje. Un balance de las distintas experiencias es central para ver cómo seguir transitando este camino. En un contexto como el actual estas experiencias no deben ser pensadas como si en cada momento fuera posible una irrupción de carácter masivo. Hay un elemento de acumulación en todo y, como bien ha expresado Iñigo Errejón, sólo en momento excepcionales expresiones políticamente disruptivas puedes construir mayorías electorales en distritos importantes.

Todo esto implica, -volviendo a cosas que están en debate-, reconocer el lugar de Cristina en tanto referencia de amplios sectores populares y como eventual traba para políticas del gobierno, pero sin asumirla como un liderazgo propio ni perder capacidad de crítica ni contradicción con su figura y su política. Reconocer en muchos sectores del kirchnerismo (no en el mismo tomado en bloque) compañxros de resistencia y también interlocutorxs para la construcción de una nueva experiencia política, pero sin perder independencia ni limitar nuestra perspectiva a las referencias, discursos, ideas y marcos de alianzas del peronismo o de un genérico antineoliberalismo.

Solo a partir de estas premisas. Acumulando fuerza social y referencia política en un sentido integral, organizando sectores del movimiento de masas y, al mismo tiempo, pudiendo expresar una clara perspectiva estratégica, una salida de fondo a las penurias populares, que no se agote en la mera unidad contra el neoliberalismo, es que un nuevo ciclo de movilización popular y tendrá mayores potencialidades para dar a luz una alternativa de y para nuestro pueblo, que rompa definitivamente con la dependencia, la opresión y la explotación.

Martín Ogando
8 de septiembre de 2017

1. Son públicas las divergencias generadas en nuestra militancia por esta orientación y no nos proponemos aquí realizar un balance de la misma. Balance que, por otro lado, debe procesar el conjunto de la militancia de PG.

 

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