FAVALORO: EL PENSAMIENTO POLÍTICO DETRÁS DE LA EMINENCIA MÉDICA

 

(*) Por Manuel Fonseca


René Favaloro nació el 23 de Julio de 1923 en el Barrio platense “El Mondongo”. Hijo de un carpintero y una modista, se graduó de médico en la Universidad Nacional de La Plata. Trabajó como médico rural más de diez años en Jacinto Arauz, un pequeño pueblo de la Provincia de La Pampa para luego viajar a los Estados Unidos y especializarse como cardiocirujano. Una vez de vuelta en la Argentina fundó la Fundación Favaloro, donde desarrollaría su práctica asistencial, docente y de investigación hasta el día de su muerte.

Mundialmente reconocido por el desarrollo de la técnica quirúrgica del By Pass coronario, es sin duda alguna la figura médica más importante de nuestro país y su prestigio y reconocimiento exceden la esfera sanitaria para transformarlo en un referente nacional. El humanismo, la honestidad, la seriedad y el talento en el plano laboral son valores que se le adjudican a su personalidad. Sin embargo, poco se sabe de los planteamientos políticos e ideológicos de un hombre que si algo hizo fue posicionarse con claridad ante los sucesos de la realidad en la cual realizaba sus prácticas.

La historiografía oficial y los grandes medios de construcción de sentidos se han dedicado de manera muy prolija y sistemática a licuar de densidad política y vaciar de contenido simbólico a muchos de los referentes y referentas que ha parido nuestro país en términos políticos, sociales, culturales y religiosos. En el caso de Favaloro, han dedicado sus esfuerzos a confinarlo a un plano exclusivamente moral, aséptico y por fuera de la realidad de su tiempo. En ese sentido, la eminencia médica y el talento de su práctica asistencial enmascaran otros rasgos de su personalidad que en definitiva son los que lo convierten en un personaje fascinante y complejo.  Un hombre moderno que hizo de sus convicciones y de su prepotencia de trabajo banderas innegociables.

Graduado en la Universidad Nacional de La Plata, Favaloro siempre tuvo una posición clara en relación a la educación pública: “El universitario tiene que formarse para que entienda que su tarea no termina en lo específico y que tiene que aportar teniendo la suerte de haber llegado a la universidad para que esta contribuya a que la sociedad sea cada vez mejor, cada vez más solidaria, cada vez más justa”. Es así que aseguraba que no concebía “un universitario sin compromiso social” ya que “la humanidad vive un momento especial con todo esto del consumismo y el neoliberalismo”.

Desde muy joven desarrolló una pasión desenfrenada por la historia de nuestra tierra. Escribió libros dedicados al pensamiento político de San Martín y sobre algunos de los caudillos populares más importantes de la historia nacional y de la patria grande. En una conferencia titulada “Artigas y Latinoamérica”, realizada en el Congreso Uruguayo de Cardiología en la Intendencia Municipal de Montevideo el 11 de diciembre de 1993, Favaloro cuestionó con claridad a Bernardino Rivadavia y a Bartolomé Mitre por haber ocultado y tergiversado la historia del Protector de los Pueblos Libres, José Gervasio Artigas. En otra entrevista agregó: “creo que Latinoamérica a todos nos duele hasta el tuétano. Nos salvaremos cuando todos luchemos juntos en busca de otra emancipación. Este debería ser nuestro compromiso ineludible”. Esta faceta latinoamericanista de su pensamiento político y marcadamente crítica de la historia oficial argentina y latinoamericana es razonablemente invisivilizada por quienes se ven beneficiados por una historia construida de espaldas a los procesos populares, las caudillos del “interior” de la patria grande y las rebeliones sociales que cuestionaban y cuestionan el poder central de las capitales unitarias y sus negocios con las potencias imperiales.

Una vez recibido, y manteniendo una posición crítica hacia el gobierno peronista, rechazó un cargo en el Hospital San Martín de La Plata y se mudó en 1950 a Jacinto Araúz, un pueblo pequeño de la Provincia de la Pampa, para trabajar como médico rural. Es allí donde fortaleció su amor por la tierra y la naturaleza y donde secomprometió con la gente, con las injusticias y los padecimientos que caracterizan la realidad de las provincias argentinas. Según sus palabras,esos doce años son los mejores de mi vida porque me enraicé con la tierra.” Favaloro fué por sobre todas las cosas, y al decir de Jauretche, un personaje “nacional”, que amó y conoció a su país. En su libro Recuerdos de un médico rural escribió: “Debo confesar que habiendo recorrido casi todo el mundo pocas veces he visto puestas del sol tan bellas como en la Pampa”.

Luego de 12 años de trabajo rural viajó a Estados Unidos para especializarse y formarse como cardiocirujano. Es allí donde desarrolló la técnica quirúrgica que lo consagró a nivel internacional. Empujado por su amor a la Patria y teniendo ofertas laborales en todo el mundo, decidió volver al país para dedicarse a la docencia, la investigación y la tarea asistencial.

Instalado en Buenos Aires, y después de muchos años de trabajo, creó en 1975 la Fundación Favaloro, un proyecto gestado en el sector privado de la salud que operó y asistió en mayor medida a quienes no tenían recursos económicos. Dijo al respecto: “Yo no soy el médico de los ricos. De esa clase social solo atendemos el 5%. Del resto, en nuestra Fundación atendemos a todos”. A pesar de ser un especialista y de realizar intervenciones de alta complejidad, no perdió su visión integral en relación a la salud: “Muy poco podremos hacer si existe el desempleo, si no hay cloacas, si no hay agua corriente. Si la medicina va a ser para un grupo privilegiado de gente no tiene razón de ser. ¿Para quién debe ser? Para todos.” Estas declaraciones, vale la pena señalar, fueron sostenidas en pleno gobierno menemista. Sobre la realidad del país en ese momento histórico aseguró: “¿Seremos testigos complacientes de que nuestro país también alcance los niveles de libertad desenfrenada de la sociedad de consumo donde la droga, la violencia, el abuso sexual, el crimen, el despilfarro, la destrucción de la naturaleza y la injusticia social son sus resultantes?”. Con la lucidez que lo caracterizaba, agregó: “en la Argentina hay un sistema que maneja todo, y vaya uno a querer romper el sistema. Queda excluido, y si alguna vez se le ocurre a uno decir una verdad, todavía se la dan por la cabeza”.

Lejos de aggiornarse a un sistema corrupto y devastador como es el sector privado de la salud, “la eminencia médica” mantuvo sus posiciones firmes y sus convicciones, convirtiéndose en una figura incómoda para el establishment económico y las clases dirigentes. En pleno neoliberalismo, con un Estado que le daba la espalda, el proyecto de la Fundación comenzó a resquebrajarse. Prácticamente solo y acorralado por el funcionamiento del sistema al que se oponía, escribió en julio del 2000 su dramática carta de despedida.

Sus palabras finales son por sobre todas las cosas un manifiesto político, una declaración de principios, una denuncia pública y un pedido desesperado de ayuda. Escribe Favaloro en la misma que el PAMI, gerenciado por esos años por Horacio Rodríguez Larreta “tiene una vieja deuda con nosotros (creo desde el año 94 o 95) de 1.900.000 pesos; la hubiéramos cobrado en 48 horas si hubiéramos aceptado los retornos que se nos pedían”. Rodriguez Larreta había asumido la dirección del PAMI con el objetivo de hacerle ahorrar dinero al organismo. Él mismo fue quien designo como directora de Derechos Humanos en su gestión a María Eugenia Vidal, que contaba por entonces con 27 años y que empezaba de esa manera su carrera política. Agrega Favaloro con una claridad brillante: “¿Cómo se mide el valor social de nuestra tarea docente? Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta tiene su precio. A la corta o a la larga te lo hacen pagar.” En la misma carta hace mención a las presiones internas de algunos miembros de la Fundación que lo incitan a dar un paso al castado y a incorporar al corrupto andamiaje de las corporaciones privadas a la Fundación. Poco antes de su muerte, Favaloro le escribe a Fernando de La Rúa en busca de auxilio económico, carta que el entonces Presidente de La Nación nunca responde.

El 29 de julio de ese año sepegó un tiro en el corazón. Si algo le faltaba a la construcción de su mito era un ribete poético en el final de su vida: un cardiocirujano muerto por un tiro en el corazón. René Favaloro se suicidó tensionado hasta el final por un sistema corrupto de descomposición social y degradación humana. Dos años después el pueblo en las calles echaba al presidente y comenzaba una nueva etapa política para la Argentina. René Favaloro es junto a Ramón Carrillo, Irma Carrica, Floreal Ferrara, Salvador Mazza y otros tantos y tantas referentes del campo sanitario nacional la muestra más cabal de un proyecto de país que no nos dejaron ser. Un proyecto donde lo humano se inscriba por encima y no subsumido a las determinaciones económicas y donde el respeto por la naturaleza y los derechos humanos se impongan al lucro desenfrenado y al consumo vacío. René Favaloro era un trabajador de la salud que dejó un legado de justicia social y de coherencia entre discurso y práctica que tenemos que retomar todos los que queremos para la Argentina un horizonte emancipador donde la salud sea un derecho para todos y no el negocio de una minoría.


(*) Manuel Fonseca compañaro del Movimiento de Salud Irma Carrica

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