Breve ensayo sobre la historia agraria Argentina

Por Stefan Seifert (*)


Del Grito de Alcorta al Consenso de los Commodities

Breve ensayo sobre la historia agraria Argentina

 

La estructura social agraria Argentina se encuentra caracterizada por una compleja e intrincada red de sujetos, territorios y lógicas de producción que se mezclan, conviven y entran en conflicto a lo largo de la historia. Esa dinámica se funda en la particular y cambiante relación entre Estado – Mercado – Producción. Con estas tres variables intentaremos desarrollar un breve recorrido por las distintas configuraciones que  desde el siglo XX se cristalizaron en la escena rural de nuestro país.

Pensar en la complejidad de las unidades productivas involucra inevitablemente preguntarnos ¿Qué tipos sociales agrarios están a cargo de la producción agraria? ¿que tipo de unidades se establecen? ¿Que problemas y conflictos surgen en la esfera de la producción?. En este sentido entendemos que desde principios de siglo XX se configuran principalmente cinco tipos sociales agrarios: la clásica oligarquíaterrateniente que emerge como actor principal del “Campo Argentino” fruto de la acumulacion originaria -campaña del desierto- asociado a la producción ganadera extensiva; los chacareros -pequeños y medianos propietarios- los cuales aparecen en escena luego de las distintas oleadas inmigratorias a nuestro país, junto con los arrendatarios y trabajadores rurales. Por último, otro tipo social definido con un rol central en las economías regionales pero que, por la dinámica de acumulacion y concentracion, tiende a desaparecer, el campesinado.

En la segunda mitad del siglo XIX y en el marco de la adaptación al capitalismo en el país, se da la emergencia de dos modelos de desarrollo cuyas fórmulas definen a la estructura agraria como eje de su estrategia -con epicentro en las provincias de Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires-. Por un lado, se encuentra el proyecto sarmientino de colonización agraria -pretendiendo reproducir la vía Estadounidense de inserción al capitalismo- enfocado en desarrollar una pequeña burguesía rural y, por el otro lado, el proyecto vinculado a la oligarquía que se basa en el desarrollo de distintas formas de tenencia de la tierra en la que se destacó el sistema de arrendamientos como forma predominante. Esta última vía se vió favorecida como resultado del proceso de valorización de la tierra y de la decisión del sector terrateniente de no desprenderse de la propiedad de la tierra.

El movimiento contestatario del sector agrario que surge a principios de siglo XX en el sur santafesino y la gran gesta conocida como El Grito de Alcorta, es fruto directo de las contradicciones generadas por dos rasgos estructurales fundamentales. En primera instancia, la relación sumamente asimétrica entre terratenientes, arrendatarios y subarrendatarios. Y como segundo punto, por los límites claros del modelo de desarrollo asentado en el modelo agroexportador, donde se acepta de forma totalmente subordinada la participación en un sistema donde impera la división internacional del trabajo, orientando al país como mero proveedor de productos alimenticios a los países de economía central. Este modelo produce la pérdida de soberanía, la dependencia económica hacia la producción de materias primas y alimentos exportables y, producto de la misma dinámica que se da en la esfera de la producción, una concentración cada vez más acentuada de la tenencia de la tierra en el país.

Las exigencias de los pequeños y medianos arrendatarios de Alcorta era clara: eliminar las trabas que fracciones de los terratenientes enfrentan en el desarrollo de la producción a fin de lograr una mayor participación en el excedente generado -el cual era apropiado casi en su totalidad por los terratenientes que no producían las tierras-  además de exigir marcos regulatorios claros para poder encarar esa relación. Sus demandas cobraron cada vez más fuerza al punto de convertirse en una rebelión agraria de arrendatarios rurales y chacareros en  año 1912, extendiéndose a toda Pampa húmeda. Uno de los saldos organizativos de este proceso de lucha, encarado por los productores contra los terratenientes, es la organización de la Federación Agraria Argentina, entidad que fue precedida en primera instancia hasta su asesinato por el abogado Francisco Netri.

 

 

Otra etapa significativa del capitalismo agrario en nuestro país, es la marcada por el modelo económico peronista en las décadas posteriores, el cual se caracterizó por un cambio en el rol del Estado en la organización de la producción permitiendo ganar una relativa soberanía frente al modelo clásico de desarrollo agrario impuesto por los terratenientes, pero desde una continuidad del modelo agroexportador. Desde nuestra perspectiva, desde la década de 1944-1945 se da un interesante proceso en términos de rupturas con la etapa anterior debido a un cambio fundamental en relación al rol que va a tener el Estado en la organización de la producción. Con un modelo económico determinado por la economía mundial de posguerra, la estrategia de desarrollo del gobierno peronista es la industrialización por sustitución de importaciones con una adaptación “criolla” del mismo, donde la producción agropecuaria se pone en servicio del desarrollo de la industria. La industrialización de las materias primas da valor a los bienes exportables y sustituye las importaciones, generando así una mejora en los términos de intercambio en la relación centro (paises industrializados de economía central)-periferia (países productores de materias primas exportables de economías subdesarrolladas). También se generan políticas específicas para el desarrollo del mercado interno y de aumento de bienes de consumo.

Pero esta política económica para ser sostenida implicó una batería de medidas con el objetivo de generar esa nueva relación entre Estado – Mercado – Producción, y entre los bienes exportables e importables. Entre algunas de las políticas principales podemos nombrar el primer y segundo plan quinquenal, la nacionalización de las exportaciones y el comercio exterior, la creación del banco central -desde el cual se tiene una política de subsidios a pequeños y medianos productores-, pero también una serie de regulaciones fundamentales para el mundo del trabajo y la producción. En este sentido, podemos nombrar el Estatuto del Peón Rural, el Estatuto del Tambero-Mediero, el respaldo público y compromiso de la rebaja obligatoria del precio de los arrendamientos y la suspensión de los desalojos, como así también se llevaron adelante algunas expropiaciones. Perón sostendrá “la tierra no debe ser un bien de renta, sino un bien de trabajo”

 

Durante la Dictadura cívico-militar de 1976-1983, las leyes rurales del peronismo serán derogadas, apuntalandosé,  una tendencia ya iniciada en los años previos, la hegemonía del sector terrateniente y financiero y su proyecto de país. Se inaugura así una nueva etapa marcada por la desregulación y liberalización del comercio exterior, la quita de derechos laborales, la persecución y proscripción de las entidades gremiales -tanto del campo como de la ciudad-, producto del terrorismo de estado. La dictadura sentó las bases para la implementación del neoliberalismo y lo instaló con fuerza como único paradigma político-económico. El desenlace de estas políticas en la historia reciente son bien conocidas, el menemismo durante la década de 1990 termina de consolidar a fuerza de privatizaciones, desregulaciones, endeudamiento, un predominio del capital financiero por sobre la esfera del trabajo y la producción. Un hecho fundamental se da enesta década, permitiendo reconfigurar el campo de una manera poco imaginada, y dando como resultado la consolidación de un nuevo modelo de acumulacion, la introduccion y aprobación del uso de organismos genéticamente modificados en 1996, acompañado de un paquete tecnológico para la puesta en marcha de la producción.  

La nueva etapa que atravesamos en la actualidad, aún manifiesta fuertes continuidades respecto a la etapa de auge neoliberal. Pero se advierte un cambio en el modelo de acumulación, produciéndose el pasaje de un régimen basado en la valorización financiera a uno asentado en el agronegocio y en la extracción/exportación de bienes naturales sin mayor valor agregado. El nuevo orden económico, denominado “Consenso de los Commodities”, se encuentra sustentando en el boom de los precios internacionales de las materias primas y supone la puesta en marcha de megaproyectos tendientes al control, extracción y explotación de bienes naturales cuya exportación se encuentra destinada a los países centrales y nuevas potencias emergentes. El mismo representa un proceso de reprimarización de las economías de la región, la pérdida de la soberanía alimentaria, la profundización del monocultivo, la ocupación destructiva de territorios, la mercantilización de la tierra y el incremento del papel de las empresas transnacionales como agente fundamental del proceso extractivista, encontrándose las empresas locales como socios subordinados. Este proceso de acumulación neoextractivista sigue inserto en un patrón de desarrollo neoliberal  ya que, por un lado, no cuestiona el papel subordinado de la región en la división global del trabajo como exportador de materias primas produciendo nuevas asimetrías y profundizando las ya existentes, y, por el otro, sigue negociando con las mismas fracciones de clase que hegemonizaron el período neoliberal.

Este breve recorrido expuesto aquí pretende generar una aproximación a estas problemáticas. Describiendo  las tendencias principales que se expresan en la realidad agraria de nuestro país y los modelos de acumulación, pero que por supuesto es insuficiente y merece darle a futuro mayor niveles de  profundidad y reflexión.

(*) Estudiante de ing. Agronomica FCA – UNC

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